martes, 29 de marzo de 2011


¿Qué es el Pecado de Muerte?

Por: Héctor A. Delgado
Nota: El siguiente comentario constituye una reflexión sobre algunos aspectos teológicos que considero de interes en mis lecturas de los materiales de textos asignados por la universidad donde curso mi lecenciatura en teología.
Pregunta: ¿Cómo entiende usted el “pecado de muerte” en 1 Juan 5.16-17?
Respuesta: El texto dice: “Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte.  Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte” (VRV 1960).
Parece ser que Juan usa un caso hipotético para ilustrar una verdad importante. Se deduce fácilmente que el Apóstol está hablando del cristiano que conoce claramente lo que es pecado (cap. 1:6; 2:1; 4:20). Es obvio que Juan está interesado en que sus lectores comprendan su idea, pues en pocas palabras habla tres veces del “pecado que no lleva a la muerte” y lo contrasta con el Pecado que lleva a la muerte” (NVI). Tres en oposición a uno revela que Juan quiere que quede claro que “Dios […] dará vida” solamente al que ha cometido la primera clase de pecado, y como resultado de la oración intercesora.
Nuestra pregunta nos pide explicar el “pecado que lleva a la muerte”, pero parecería necesario considerar primero lo que se omite para luego poder explicar lo que se nos pide.
En los versos 14-15 Juan nos dice que podemos tener seguridad de que Dios ciertamente nos dará lo que pedimos, pero solo de esta manera: “si pedimos conforme a su voluntad”. De manera que estas palabras motivan a los cristianos no a tener una seguridad incondicional, sino a “indagar la voluntad del Señor y a amoldar sus peticiones en armonía con el designio divino”, sirven de contexto para las declaraciones de los versos 16-17.
De esta manera, la expresión “si alguno ve a su hermano” limita el consejo inspirado a la comunidad de creyentes. Sin embargo, el Nuevo Comentario Bíblico Siglo XXI, Nuevo Testamento, basado en la expresión “le dará vida”, nos dice que eso “significa que no era creyente hasta ese momento”. Pero el lenguaje de Juan es inequívoco: “Si alguno ve a un hermano”. Entonces estamos hablando de cristianos que cometen pecado estando en la fe, sin renunciar al camino de Dios.
Cabe destacar que la expresión “cometer pecado” significa literalmente “pecando pecado”, es decir, en el mismo acto de pecar. Entonces, el deber del que ha visto al “hermano” en el “mismo acto de pecado” es orar por él en procura de que Dios sea favorable a su caso particular. Siendo que el “hermano” no ha sido sorprendido en un pecado de abierta rebelión contra Dios, sino en un “acto de pecado” que “no es de muerte” debemos orar por él. Esto dará seguros resultados ya que “podemos tener la seguridad” de que Dios nos escuchará. Esto implica que, el “hermano” será inducido al arrepentimiento del pecado cometido. Solo en este sentido la falta cometida no será “pecado para muerte” (traducción lit.).
Parecería ser que Juan sigue la misma línea de pensamiento de Levítico, que considera los diferentes tipos de pecados para los cuales las estipulaciones del antiguo sistema de ley hacían provisión. Y precisamente en relación con todo el pueblo (lo antigua comunidad de creyentes). Levítico 4:1 nos habla del pecado “por inadvertencia” (BJ), es decir, del pecado que se cometía sin malas intenciones, inadvertidamente, descuidadamente, sin pensar.
También se habla del pecado del sumo sacerdote que hacía “culpable al pueblo” (BJ). El pecado siempre tiene serias repercusiones sobre la persona que lo comete y sobre la comunidad a la que pertenece, aun sea un pecado involuntario. Ya podemos comprender la preocupación de Juan al puntualizarnos que “si alguno ve algún hermano” en el “mismo acto de pecado”, entonces debe orar para que Dios “le de vida”, le restituya, le otorgue su perdón.
El Antiguo Testamento nos habla también del pecado intencional, el pecado que se cometía con “soberbia” (lit. “con mano altiva”), con intención expresa (Núm. 15:30-33). Para este tipo de pecado el sistema de sacrificio no tenía una solución, la persona sencillamente tenía que morir. Por consiguiente, una persona que moría así no era objeto de esperanza para una vida futura, es decir, no se levantaría en la “resurrección de los justos”. Por consiguiente, parecería ser que Juan tenía en mente esta situación particular al hablarnos del pecado que “no lleva a la muerte” y del “pecado que lleva a la muerte”. Pero, como la iglesia cristiana no se regía por un sistema de ley que le permitía ejecutar penas capitales, la advertencia de “muerte” quedaba en las manos de Dios y del culpable. Dios podía elegir quitarlo del campamento (como el caso de Ananías y Safira), o el mismo pecador podía exponerse a situaciones particulares en las que perdiera la vida. Pero podía también continuar viviendo en su “condición de rebelión”, lo que le exponía inevitablemente a la perdida de la vida física en el futuro, y también a la pérdida irreparable de la vida espiritual en el lago de fuego, la segunda muerte (cf. Apoc. 20:15).
Ahora estamos listos para ver el “pecado de muerte”. No es fácil determinarespecíficamente el pecado referido aquí por el apóstol Juan, ya que no lo define en particular. Esperaríamos que si Juan hubiera conocido un pecado específico que pudiera dejar a una persona sin esperanza de salvación, nos hubiera  dado los detalles con el propósito de que nos apercibiéramos para no caer en semejante condenación. Por consiguiente estamos en el deber de hacer diferencia entre el pecado intencional (mano alzada) y el pecado involuntario que ya hemos analizado. “Los pecados cometidos por los que realmente anhelan servir a Dios, pero cuya voluntad es débil y sus hábitos son poderosos, son muy diferentes a los pecados que se cometen a sabiendas desafiando atrevida y voluntariamente a Dios. La actitud y el motivo determinan más la diferencia que el pecado mismo; en éste sentido hay diferencias de pecado a pecado. Un error leve, del que rápidamente uno se arrepiente y es perdonado, no es un pecado para muerte. El pecado grave, en el que se cae súbitamente por no haber mantenido el poder espiritual, aún no es un pecado para muerte si hay un verdadero arrepentimiento. Pero no querer arrepentirse hace inevitable la muerte final”.
La Nueva Versión Internacional observa que el pecado de muerte, entendido en el contexto de la epístola “escrita contra las enseñanzas gnósticas, que negaba la encarnación y rechazaba toda restricción moral, es probable […] se refiera a la inflexible persistencia de la verdad y a la desvergonzada  inmoralidad de los falsos profetas. Esta clase de pecado impenitente conduce a la muerte espiritual y física”.
Pero la expresión “si alguno ve a su hermano” parece demandar un contexto teológico y no histórico para entender la declaración de Juan. La Biblia de Estudio Ryrie parece entender aquí exclusivamente el pecado que conduce a la muerte física.
William Barclay nos dice que “el pecado que va hacia la muerte” (como el traduce literalmente la frase), es terrible no tanto por lo “que es en sí mismo sino dónde termina sí uno persiste en el”.
Luego hace diferencia entre dos clases de pecadores, los que “pecan contra su voluntad”, y los que “pecan deliberadamente”. Los primeros están “dentro de la esfera del perdón”, pero para los segundos “la idea del arrepentimiento no puede entrar en sus cálculos”.
“El pecado de muerte es el estado de la persona que ha escuchado el pecado y se ha negado a escuchar a Dios tan a menudo que ama su pecado y lo considera la cosa más normal y agradable del mundo”.
Hay diferencia entre la oración que hacemos por nosotros mismos y la oración que hacemos por los demás. De manera que “cuando se trata de una tercera persona, debemos recordar que ella también tiene una voluntad.  Si se niega a arrepentirse, todas nuestras oraciones y toda la obra que Dios pueda hacer y que nos induzca a hacer no forzará esa voluntad. Cuando Dios prefirió no forzar al hombre a permanecer sin pecado, también renunció al poder de obligar a un pecador a arrepentirse.
“Esto no significa que no debemos seguir orando por los que se han apartado de la senda de justicia, o que nunca se han entregado al Salvador. No significa que no habrá muchas conversiones notables como resultado de las oraciones frecuentes y fervientes por los fieles.  Lo que Juan está señalando es que es inútil orar pidiendo perdón por un pecador que se niega a arrepentirse de su pecado. Pero mientras la persona tenga vida debemos continuar orando, pues no podemos saber con certeza cuándo una persona se ha alejado definitivamente de Dios”.
Si debemos orar o no, no es ordenado por Juan. El sencillamente dice: “Yo no digo” o como traduce la NVI: “[…] en ese caso no digo que se ore por él”. Nuestra parte es poner en práctica la voluntad de Dios, quien quiere que “se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acción de gracias por todos los hombres” (1 Tim. 2:1).
Por consiguiente, parece razonable entender el “pecado que conduce a la muerte” como el “pecado imperdonable” (Mat. 12:31), un pecado que por defecto, sólo Dios sabe cuándo es cometido por alguien y que no consiste sencillamente en un acto aislado. Si una persona resiste indefinidamente la obra de convicción del Espíritu Santo “la idea del arrepentimiento no puede entrar en sus cálculos”.
Referencias:
1 Comentario Bíblico Adventista, tomo  VII, pp. 696, 697.
2 Nota sobre 1 Juan 5:16-17, p. 2008.
3 p. 1768. Así mismo, Roberto Jamieson, A. R. Fausset y  David Brown, en El Comentario Exegético y Explicativo de la Biblia, Tomo II (Casa Bautista de Publicaciones).
4 Comentario al Nuevo Testamento, 17 tomos en 1 (Editorial CLIE, 1999), p. 1063.
5 Ibíd.
6 Comentario Bíblico Adventista, tomo VII, p. 697.

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